
CARNE MOLIDA
por Emilio Vílches Pino
La puerta sonó tan fuerte que despertó sobresaltada, asustada, confundida. Su marido, su chanchito, no había llegado a casa y ella como buena y abnegada esposa se había quedado dormida sobre las tapas esperándole, encantadora, celestial, demasiado hermosa para su chanchi. La cosa es que su chanchi golpeó la puerta muy fuerte, así que se levantó, confusa, miró por el cerrojo y ahí estaba él. Aún no salía completamente el sol, debían ser las seis de la mañana o algo así. Abrió la puerta.
- hola- dijo ella.
- puta de mierda- respondió chanchi entre dientes.
- ¿qué?
Y él que empuja a su perrita sobre la cama, cierra la puerta y se tira sobre ella, rojo de cólera, sudando, apestando a ron barato y tabaco. Le toma las manos, la inmoviliza.
-ya sé quién es, ya sé quién es ¿así que clases de pilates? ¡A la mierda el pilates!- gruñía chanchi.
-oye, el pilates hace muy bien, sirve para…
-¡qué me importa para qué sirve el pilates! ¡Ya sé quién es! ¡Ya sé quién es!
-¡pero qué es lo que sabes!- gritó la perri.
-¿te haces la tonta? ¡Ya sé que te acuestas con otro!
La perri quedó un instante en silencio, absorta, mirando directamente los ojos en llamas de su chanchito. Luego dijo lo único que se le ocurrió…
- eso es mentira.
- ja, y más encima eres descarada, sé que te acuestas con otro y sé quién es.
- ¡mentira!- y forcejeaba, trataba de sacarse a su chanchi de encima, pero él era más fuerte – suéltame, suéltame- pero no, no, no podía, trataba de golpearlo, pero no, algo cayó, algo se rompió – ¡vas a despertar a los vecinos!- pero chanchito no estaba dispuesto a oír razones, chanchito quería SANGRE…
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Cuando las cosas se calmaron chanchito y perrita abrieron unas latas de cerveza y se sentaron en la cama, él aún colérico, ella llorando suavemente. El sol ya casi inundaba la habitación…
- y según tú- dijo ella, mientras se le caían los mocos- ¿quién es mi “amante”?
- el pelado de la carnicería.
- ¡qué!
- El pelado de la carnicería, no te hagas la hueona.
- ¡Y de dónde sacaste que es el pelado de la carnicería!
- Él me lo dijo
Silencio. Chanchito prendió un cigarro, tragó el humo, lo aguantó unos segundos en los pulmones y lo botó mientras agregaba…
- tomamos unas cervezas en el club, todos juntos, así como los jaivas, y el negro Quinteros empezó a hablar cosas, a contarnos cómo conoció a su mujer ¿sabías que la conoció en un accidente? La cosa es que entre tanta cosa y tanta cerveza y todo eso se le salió un mal chiste, de tí y del pelao…
- ¿qué chiste?
- No importa, la cosa es que el pelao salió a mear y yo lo seguí…
- ¡Oh!
- Y lo tomé por la espalda y le dije “a ver pelao de mierda, así que me estai cagando con mi perrita, dímelo en la cara, y el pelao lo negaba, pero se notaba que estaba mintiendo porque…
- ¡para! ¡para!- y lloraba y se le caían los mocos a la perrita.
- Estaba pálido, casi lloraba, sabe que yo soy arrebatado, así que lo agarré del cuello y le dije que me dijera la verdad, que sería peor si me enteraba después y…
- ¡para por favor!
- …entonces lo confesó, me dijo que se acuesta contigo, que en la hora de almuerzo de la carnicería se saca el delantal y se viene a MI casa, hediondo a carne molida y a chorizo y se mete a MI cama con MI mujer, si por eso sentía olor a prieta y a longaniza en esta pieza…
- ¡chanchi! ¡me ofendes!
- …así que me emputecí y lo agarré de los brazos y lo metí al portamaletas del auto…
- ¿QUÉEEEEEEEEE?
- …y lo empeloté y ahí lo tengo, en pelota en el maletero…
- ¡no te creo!
- Anda a ver si quieres.
y bajó corriendo las escaleras (¿mencioné que el departamento estaba en un tercer piso?) y llegó al auto y lloraba y trataba de abrir pero no tenía las llaves, entonces ahí venía chanchi , caminando, algo ebrio, haciendo sonar las llaves, y el sol ya pegaba fuerte y las cortinas de los vecinos se movían y ojos espías asomaban y entonces giró la llave y ante los ojos de perri y chanchi…un hombre calvo, de un cuarenta y cinco años, entrado en carnes, desnudo, atado de manos y pies y con una manzana en la boca…¿una manzana?¿como en las películas?... Sí, con una manzana metida en el hocico, mirando asustado, tiritando de miedo, de horror…
-no puedo creerlo- dijo ella, pálida, quieta, CASI como una zombie.
Chanchi volvió a cerrar el maletero, tomó a perri del brazo y ante su nula resistencia la subió al auto, en el asiento del copiloto, luego subió él, echó a andar el motor y salieron disparados avenida abajo hasta meterse en la carretera sur. Prendió la radio del vehículo, sonaba Elvis. Le gustaba Elvis.
-¿no me vas a preguntar dónde vamos?- dijo él, luego de un rato. Pero ella no contestó, seguía mirando la carretera, perdida, pálida, muy quieta.
Serían las once a.m. cuando llegaron a un sitio desconocido, solitario, seco. Entonces chanchi detuvo el auto y se bajó. Tomó un cigarro, el viento soplaba muy fuerte así que le costó un poco (no mucho en realidad) encenderlo. Perri seguía en el asiento delantero mirando al frente, sin decir nada. Entonces chanchi tomó las llaves y abrió el maletero. Esbozó una sonrisa al ver a aquel hombre desnudo con una manzana en la boca. Fue su última sonrisa en mucho tiempo.
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Emilio Vílches Pino. El Bosque, Chile, 1984. Músico punk, profesor de Lenguaje y Comunicación en Enseñanza Media, Licenciado en Pedagogía en Castellano en la U. de Santiago de Chile.