sábado, julio 28, 2007

Texto

PURO HIELO AL FONDO Y SIN SABOR
Por Valeria Zelaya




Ahí te va a caer la peseta; con todo su agobiante peso, taaaaarde.

Me has visto cara de maquinita de casino: me echás una moneda y te regreso tres mil doscientos cincuenta y seis pesos. Pero en lo sucesivo, me vas a ver como chingaste de boli: puro hielo al fondo, y sin sabor.

Vos has creído que ser empático es eso. Tener consideración, por tres o cuatro noches en que perdiste el sueño. Pues no. Vos no sabés los verdaderos suplicios que yo he pasado. No tenés la más chiquitita idea de lo que es perder las uñas, el sueño, el descanso, las ganas de comer, el control del pulso, el brillo de la mirada, el color del pelo, el pigmento del rostro, la cuerda de la casa y las llaves del reloj. No.

Vos no sabés lo que es mirar, con vergüenza, tu mano diestra temblar al empinar el vaso. Calcular mal la ubicación de tu boca. Ser observada, tiritante, con los ojos blandos, a punto de reventar en lágrimas y escupir reclamos. (Por poco atragantarte el llanto).

Ahora te aguantás. No seás flor. No sabés, lo que es, estar turbado.

¡Estoy flaca! ¡Qué maravilla! Yo quisiera defenderte porque te quiero tanto. Pero este es el único bien que me dejó quererte. En vano busco uno más honrado. Y es que no. No hay pasado. Que sea provechoso, que fuera a tu lado. Me voy con las manos arriba: tranquila, me digo. Esto fue un asalto.

Me sacaste el jugo como limón de fresco. Cómo me gustaba creerlo y aceptarlo. Barriga llena, corazón contento. Colmaba mi apetito, darte tanto. Recordar aquella canción del kinder, que decía: "que bueno es recibir, porque hace tan feliz, pero hace más feliz, el dar"...

Y entonces, me da pena, que te comás las uñas, en cuatro días. Despilfarrando ansias, que no son para tanto. Ya te creció la barba, lo mismo el pelo. Y en cuatro almuerzos has engordado. ¿A qué tanto descuido? si podrías quedarte aquí, en fin, toda la vida. Y no has querido vos...y qué se yo... ¡Ya no me querás tanto!.

Sugiero que improvisés un juego. Eso te dará paz. No sé. Intentalo. No ser más delantero, ni entrenador, ni árbitro. Hacer un mano a mano, jugando al ajedrez. Ella reina, vos rey. Observar desde las torres. Cepillar a los caballos. ¡Dar palo con los peones!

Rey sos y has sido siempre. Emperador de vastos reinos. Todo el poder, todo. Mi humanidad completa pendiendo de tu mano.

Tu error, creerme sumisa. Tu error, malearme tanto.



***
Valeria Zelaya. Nicaragua. 1973.

lunes, julio 23, 2007

Texto

EN EL NOMBRE DE NADIE
por Emilio Vílches Pino



Nosotros éramos unos niños de diez u once años y jugábamos a la pelota hasta bien tarde y, como buenos amigos, más de alguna vez nos agarramos a combos. Éramos cabros chicos, éramos una patota. Y nuestro barrio era obrero, nuestro barrio era del ombligo hacia abajo y a nosotros nos importaba una mierda. Era la pelota de fútbol la que nos importaba. La pelota de fútbol y quizás alguna niña, aunque eso jamás lo confesamos. Cosas de mocosos.


En la cuadra había una mujer rubia, algo entrada en carnes, algo vulgar, pero bien. Al fin y al cabo bien. Y también había un hombre gordo, grande, feo, con aspecto de matón. Y eran padre e hija. Era el guatón Robinson y la rubia Mireya. Nosotros los conocíamos, eran nuestros vecinos desde siempre, y todos sabían que el guatón Robinson vendía pasta base y cocaína a los chicos de la otra esquina. Nuestras madres lo sabían, nosotros lo sabíamos, todos lo sabían.


Los pacos también lo sabían. Mientras jugábamos la última pichanga de la noche, muy tarde ya, veíamos aquellos focos, aquellas luces bajas acercándose. La yuta disminuía la velocidad y la veíamos estacionar en la casa del Robin. Se bajaban, entraban, traían botellas, muchas veces traían mujeres. Y se oían risas, carcajadas, a veces se oían gritos. Más de alguna vez se oyeron tiros. Luego la policía se iba, borracha y drogada, a seguir velando por el orden y la patria.


Robin seguía engordando. La Mireya cada vez estaba más rubia y cada vez movía mejor el culo cuando caminaba por la cuadra. Llegaban autos, motos, bicicletas, jóvenes, adultos, mujeres, putas, todos donde el Robin. Y la casa creció, segundo piso, autos caros, matrimonio con orquesta de lujo, en fin, la plata salía de todos lados. Cosa rara para un simple vendedor de frutas.


Y nosotros veíamos todo esto. Y nuestras madres nunca nos dijeron “si te pierdes acércate a un carabinero”, porque veían lo mismo que nosotros. Cada noche. Las botellas, la mandanga, las putas, los gritos, los tiros, los focos de la yuta y nosotros con la pelota pegada a los pies.


La Mireya tenía un marido por ahí y un amante que todos conocíamos y que más de alguno de ustedes también conocerá, pues el pololo de la Mireya se llamaba Iván Morena, diputado por la comuna El Parque. Y Morena también lo sabía. Y Morena también jalaba. Y el guatón Robin lo atendía como rey, y la Mireya le entregaba todo ese culo y el diputado Morena guardaba silencio, y andaba como fierro todo el día, y la sonrisa de oreja a oreja no se la quitaban ni con un fusil en la sien. Y nosotros teníamos diez u once años. Y seguían las grandes fiestas, y seguía la parafernalia, y Morena en televisión agarrándose a puñetes en el congreso frente a las cámaras, defendiendo la democracia, LEGISLANDO por un país menos corrupto y más democrático. Seguramente el guatón Robin por mientras cortaba las dosis y la Mireya se empolvaba el chocho.


Una tarde el imperio se vino abajo. Hubo algunos disparos. Los detectives se llevaron al guatón en el auto y durante años no le vimos. La yuta no volvió a meterse en nuestra calle. Morena arreglaba su matrimonio por televisión, a la Mireya se le iba a la mierda el suyo muy lejos de las pantallas y si nosotros nos hubiésemos perdido jamás habríamos acudido a un policía.


Han pasado los años, el guatón ya cumplió su condena. Ahora se pasea por la calle, serio, casi no habla, su mirada es distinta. El diputado Morena ha sido reelegido y pasea su culo pinochetista por los barrios populares de la comuna dando la mano a todo el mundo. Yo no se la estrecho jamás. Esas noches de juerga para él no fueron nada, solo juerga. Pero nosotros teníamos diez u once y desde entonces no creemos ni en la policía ni en la política. No creemos en nada en realidad, pero ese es otro tema.


Que pase el siguiente.



***
Emilio Vilches Pino (El Bosque, Chile, 1984) Músico, miembro de Colectivo Lingua Quiltra.
Enlaces relacionados en este blog:

Texto

ESQUELETO
por Igor Venegas de Luca

La sociedad no devora sólo a los hijos desobedientes
sino también a los hijos indefinibles, misteriosos,
es decir, ni obedientes ni desobedientes.
Pier Paolo Pasolini

Primer sueño: “De todos los espermatozoides que corrían frenéticamente / uno logró adelantarse y otro quedó atrás / Al encontrarse a una milésima de segundo frente al ovulo / el primer espermatozoide adopta las características del último en llegar / ambos se convierten en flor / brotan y expelen esporas que irradian a la maza de “casi entes” que se pierde en el intento / El primero y el último reparten pasiones humanas al resto que se derrumba en el agotamiento del no poder / uno lo alcanza y el otro se omite, el resto sólo escucha”. Fin del primer sueño.

La abuela convocó a los tres nietos en el baño. El espacio debía ser un lugar que, por una parte, no despertara sospechas, ni tampoco de múltiple concurrencia. Lugar individual y silencioso, donde la vergüenza y la timidez marcaran presencia. La idea era simple, narrar de raíz a cabeza como se había llegado al parto de los tres nietos. Toda la historia familiar a partir de los abuelos / pasando por la unión de los padres / hasta llegar al tercer y último parto: la sordera.

Golpe tras golpe, tras piedra tras llaga. Las manos endurecían mientras las rocas del macho rumiaban la nuca de la hembra, dijo la abuela al comenzar su relato. El tiempo se escurría en las caderas y las nucas golpeadas comenzaban a multiplicarse, prosiguió con el relato en ese espacio frío y húmedo que rápidamente se volvía hostil.

Los tres nietos / obedientes y expectantes / escuchaban el relato de la abuela. Acuclillados horizontalmente uno tras otro, palabra tras palabra se estaban condenando.

Torturas, humillaciones, violaciones abundan ahora en la narración. La historia de los padres es tan terrible como los nietos sabían e imaginaban. La oscuridad había cubierto al padre años atrás, quedando la madre sellada/infértil ante la desesperanza.

Los dos primeros nietos, ambos varones, eran fruto de la caída de la ilusión y su presencia en cualquier lugar aludiría al hecho, a través de esto ellos serían reconocidos. Ambos habían surgido del dolor, de la rabia, pero no de la vergüenza. Los dos sabían que ese lugar tan ansiado por sus predecesores, donde el día se confunde con la noche, no sería alcanzado por ninguno de ellos jamás. Ya que la inexistente lucha de clases los castraba de por vida y más allá de ésta. Estaban marcados por la pobreza que se arrastra de generación en generación. Condenados a caminar cabeza agacha por las sombras, impedidos de acceder al camino real.

Segundo sueño: “Camino y no veo colores / Aparece una mujer de cabellos largos bañándose en una fuente de leche / No tiene rostro, no manifiesta expresión, no posee color / De donde deberían estar sus ojos comienza a brotar más de este maternal líquido / mientras tanto / la mujer desde la distancia me susurra al oído: Él quería saber cómo hacer el amor como los dioses y fue castigado / Él se atrevió a adentrarse en lo prohibido y lo condenaron / Se convirtió en papa, bañado de ojos inservibles”. Fin del segundo sueño.

Viajes, abandonos y distancias salen de la boca de la abuela, que creciente observa como a través del transcurso del relato los nietos se van debilitando y van asumiendo su destino, su condena.

El mayor, el más infantil, no acepta recibir el legado, monta en cólera y se rebela ante lo que él entiende como un castigo injusto. Pero su rabia es inútil. Sus ojos comienzan a arder como si los estuviesen friendo, están rojos de rabia, rojos tras un escupo de humo directo, bañados de lágrimas de impotencia. El nieto mayor ya no ve con claridad, sólo divisa siluetas, todo lo percibe borroso. El agua y el calor en sus ojos no lo dejan ver. Esa es su condena: la CEGUERA. Condenado a no divisar ningún hecho con claridad, a ver todo rostro como posible amigo o enemigo, a tener que estar siempre expectante ante el actuar de los demás, a depender del otro.

Se ha caído/dormido uno, ya sólo quedan dos que ahora se manifiestan de pié/alerta ante el relato que los circunda. La abuela es testigo de la rabia que crece en el segundo nieto. Silenciosa ve como /su niño/ comienza a morderse el labio al enterarse de los sentimientos existentes ante su presencia.

Tercer sueño: “Voy a amarrar mis manos / para ver si mi canto sale más bonito / Voy a amarrarlas con alambre de púa / así, cuando sangren, mi canto / que nacerá de lo reprimido / será el más bonito de todos”. Fin del tercer sueño.

La sangre abunda por los bordes de la página y el período lleno de la abuela, manchado de asombro se silencia frente al destino del segundo nieto. ¡Él solo se ha condenado!, lamenta la abuela. Se ha castigado con el silencio, ha sellado sus únicos labios ante el dolor ajeno. Forzado a ver y escuchar lo que ocurre, pero impedido de poder actuar. Su condena es la omisión, el SILENCIO. No será parte de ninguna decisión, ni ajena ni propia, pasado a llevar por quien quiera, siempre quieto.

Es la condena más cruel, señala la abuela. Quien impactada observa el cambio crucial que surge en su relato, que a veces parece desvariar.

El destino/castigo de los padres había sido truncado por un ruido estridente. El nacimiento de la última nieta no era esperado, añade la abuela. Algo surgió de los labios sellados de la madre, quien esperaba sólo parir muerte/vacíos. Según la abuela fue la última esperanza, el gesto más torpe nacido de los padres, quienes cruzaron la calle sin escuchar a ningún lado. Una nieta nacida de la sangre de los hermanos.

Cuarto sueño: “No entiendo, ¡todas sangran! / no hay ninguna que se escape / No sé qué es lo que balbucean esos labios inferiores / que con sus dientes me roen los oídos / Yo no quiero sangrar más / ¿Por qué me pides que me calme? / ¿Que me siente? / ¿Cómo es eso que no vamos a llegar nunca?”. Fin del cuarto sueño.

La nieta ahora era consciente del por qué de su existencia, pero no de su condena. Sus dos hermanos conocían sus castigos y vivían con ellos en penitencia, voto de silencio y voto de ceguera. Pero la niña no, su ensimismamiento le había cubierto los oídos y no lo sabía. Se mantenía sonriente escuchando el relato de la abuela mientras le sangraban los oídos. Su condena es la SORDERA. Condenada a ver de frente, sin escuchar jamás lo que ocurría a sus alrededores, nunca más escucharía a ninguno de sus hermanos.

La abuela menguando decide dejar el baño, abandona a los tres nietos que duermen acurrucados alrededor de la tasa. Los deja durmiendo tranquilos. Se junta con los padres.

- Ya, todo está listo, cuídenlos mucho. Yo ya no los puedo acompañar más, expresa la abuela mientras se retira.

¿Cómo se portaron?, preguntan la madre y el padre mientras el relato se pierde bajo su supervisión. Ellos saben que ya no hay marcha atrás. Siempre supieron que ese era el único camino posible. Nunca se prepararon para ello, mejor así. La silueta de la abuela con sus pasos que no se oyen se pierde al dejar la casa. Los tres nietos quedan durmiendo uno al lado del otro, dándose calor entre ellos. Ninguno quiere despertar.

Quinto sueño: “El cielo se llena de diversas nubes que asemejan ataúdes / Un cielo cubierto de ataúdes/muerte / Te busco y te encuentro abuelo/falo/macho/gestor / Mis pies hacia arriba / mi cabeza apuntando al suelo / y ya te encaro / Yo niño/a criado por mujeres tristes y hombres anulados a golpes / Me paro frente a tu tumba para decirte que mi espalda está mutilada por la cobardía / Tu encargo es que pavimente la tierra de temores /¿Eso es lo que me pides?”. Fin del quinto y último sueño.


***
Igor Venegas de Luca (1980), miembro de Lingua Quiltra

miércoles, julio 18, 2007

Texto

esto es de un libro que Walter me dio hace ya unos años.

de EL ADELANTADO
por Walter Rojas



7

Cabalgamos la inmensidad misma del desierto La inmensidad misma de la pampa Cabalgamos lenta muy lentamente por estas tierras calcinadas caóticas de luz Silenciosos de locura silenciosos de codicia En este desértico paisaje de la pampa inmensa En este vacío inmenso de la inmensa pampa cabalgamos Y éramos luz solar Puro brillo imaginario Puro espejismo de cuarzo Puro paisaje surrealista en nuestras harapientas piojosas cabalgaduras tocados por la luz Y éramos un puro espejismo de neón reflejado en el rojo horizonte puro de la pampa inmensa Y en el pérsonal stéreo vamos escuchando a todo chancho "Money"


9

He ahí que el sol no ha muerto en la inmensidad de la pampa inmensa Y cabalgando se nos perdió la razón en la pura demencia de la pura codicia en la inmensidad de la pampa inmensa


Epílogo

Toda historia es redonda como la tierra Se necesita un ojo redondo al centro de esta redondez para ver todo lo ocurrido Lo ocurrido en esta ocurrencia que nos ocurre a cada rato Y sangrando como estoy todavía no me compadezca nadie Y no me entierre ni la memoria ni el olvido



***
Walter Rojas nace en Tocopilla, al norte del país, en 1958 y, luego de un extenso periplo por Concepción, se traslada a La Ligua, donde reside. Los escritos seleccionados corresponden a "El adelantado".

Imagen: "San Sebastián" de E. Cagliostro, sacada de su blog: http://www.traslentesoscuros.blogspot.com/

lunes, julio 16, 2007

Mutantes de Valdivia/ Link destacado

Desde Val-lluvia, Chile y los ríos contaminados

Los MUTANTES Clandestinos, luego de salir del río Calle Calle, se dieron cuenta que un clasismo enorme había quitado las sonrisas de los rostros valdivianos, y se propusieron combatir su hambre creativa liberándose totalmente de la dictadura de la razón, dogmas y reglas académicas.

http://mutantes-clandestinos.blogspot.com/

Cinta de Moebius, dedicada a la memoria del escultor Guillermo Franco.
Esquina de O`Higgins con Av. Alemania, Valdivia.

Nota editorial


Este blog a quemado su etapa, con neumáticos y odio y bailongos. Nuestras labores siguen adelante en diferentes ámbitos, dentro de ellos se cuenta la microeditorial Lingua Quiltra:


domingo, julio 15, 2007

Texto

escrito facilitado por su autor para este blog

[mi rumania]

Inmortal el canto a la burla el destierro
Gira el baile, el canto a la tierra
¿QUÉ SON TODAS Y A LA VEZ NINGUNA?
el canto gitano suena dispar entre el orden dispuesto.

............................................ avanza

..................................... CANTA
baila


***
Pablo Ortíz, nací en Calera de Tango, en 1984, trabajo en un molino de viento que no gira, tengo corazón y está muerto... miembro de Lingua Quiltra.

imagen intervenida/estropeada por m. Arcaya.

sábado, julio 14, 2007

Texto

material facilitado por su autor para este blog

SEÑUELO DE LUZ

por Bruno Serrano Navarro


V

un hilo de pus desciende del solio;
es mi ano dentado
que en vano me ensaño en reptar
hasta penetrar este suelo viscoso
a ver si la noche me reconoce,
me ofrenda a sus bandadas
y yo acierto en todo el filo.

Hurgo mis huellas,
el semen azul
que las ungió esta mañana
un haz,
-es metal que rechina como muslos-
hiende su embestida fría,
la espora ha sido condenada
ha de nacer.


X

Aquel no es un espejo
quise creer;
sólo un señuelo en la vigilia
empuñando los pétalos,
para escupir el rastro
y olvidar
que tu racimo se me abría
entre las piernas
y que el alba brotaba del cáliz
para delatar
mi única lágrima,
la sangre entre los pliegues
y tu pupila amarilla
ante las barcas difusas
del poniente.


Los Muchachos de Cítrico


II

Adentro todos ocupamos un mismo cuerpo
y así reptamos tras el párpado de agua
por que queremos hendir el cielo
o al menos recordar si es un espejismo
hirviendo entre dos copas


Madriguera

La reja ardía sobre las literas,
el dorso precipitado al cielo
arriba, donde las bayonetas emboscaban la madriguera del sol
casi sosteniendo el rocío de un prepucio,
alguna polilla inmolándose contra la ampolleta,
y tras la puerta una percusión que hacia sonreír a la partera

Ella intuye la arcilla

Y al fin es la carne latiendo entre los dedos.



Señuelo de Carne


Te cierro los ojos

Te cierro los ojos
y la saliva se siente negra
como la luz de los senos
henchidos por la cría.


Escena cítrica

Al final, al brotar la luz,
como otro aborto
en la acequia del sacrificio,
siempre nos desnudamos
por este espejo musical entre nosotras,
y es que tu decías que la carne brotaba de la carne
sólo para arrodillarse ante la carne,
y que rasgaríamos los velos
y que todas íbamos a rasgar
para sentir al fin el sabor de soga
apretando un dedo
más

adentro



uno más adentro


el mismo sabor de las bestias en el meatorio público
donde nuestros misteriosos nombres yacían tatuados
como los de un osario en la frente del testigo

tras los tobillos que retroceden a la percusión;



nuestros nombres en la loza,
uno más adentro,
la tropa ensañándose en sus lápices y el brillo
de nuestras puntas inoculadas en el labio

y las rozamos, como si fueran muslos rapaces
que tocamos para reconocernos cuando los brazos ya no
aferran nada sino el sudor de un cuerpo latiendo entre los cables



tú decías que al final,

cuando otro día amaine sobre la ventana,
quemaríamos las armas por el mismo nuevo día,
que nos vio despertar
con las crines encostradas a la almohada
para jalarnos hasta que el hálito de las cosas ya mordidas
cayeran de la mesa y brotaran
como esquirlas en los sudarios del ocaso,



Y siempre éramos tú y yo
postradas en algún tálamo desvastado por la luz
lamiendo los cuerpos que ya no eran nuestros
sino de los forceps que los trajeron hasta aquí,
con la misma sed y un sudor a otro que aún
rezuma en los capullos,
la misma sed, la percusión latigándote las sienes

pero tú decías que todas íbamos a rasgar
íbamos a rasgar para sentirlo

un dedo

y otro

más

adentro




***
Bruno Serrano Navarro, Nace el 2 de marzo de 1982, se dice que vive en el sur, en Valdiva, ..a ver... miembro de Lingua Quiltra, etc.

Es también autor de la imagen que encabeza este apartado .

domingo, julio 08, 2007

Texto

material facilitado por la autora para este blog


selección de LÁMPARAS DE SUEÑO
de Leticia Cortés



[6:30]


1

SEIS TREINTA PASOS
Hierve la televisión
Bajo una luz sirvo la taza de tu nombre
caliente vuela
como albatros
me sumerjo en la taza y te busco en ciudades sepultadas de los posos.


2

Habías llovido. Exploté Burbuja de alfileres sobre el aire. Encima de la mesa yo vi. Se hinchó de madera el techo. Bebí. Crecí como telescopio. Me enredé.
Pero mi amor se resquebrajó en ciento treinta decibeles
¿Quién dijo que el sonido se mide por kilómetros?
Si la leche y el pan y tu lluvia se miden por voltaje
¿Quién dijo que la soledad es, a fuerza de palabras
un lugar vacío?


3

Habías llovido.
Yo me hubiera suicidado
Si no fuera porque un dolor me llegó de pronto
Árbol tristísimo cayendo lentamente-balanceándose hacia arriba
Intento decirte algo pero sólo llueves. Mis palabras revolcándose en tus
ganas de llover


4

Tengo huesos desfriáticos
Te escucho llover a cuenta gotas
A tormentas partidas por la mitad
Sé que estallé, que lloviste cuando el aire se tornó más asfixiante que de
costumbre
¿Qué puedo hacer con este espacio de cuerpo y de sangre?


5

Llueves madera. Mis dedos xilófagos. Desclavo los pies para ir contigo hacia la partitura de tus sueños de hormigas blancas.
Entonces mi cáscara
Mi piel inmadura piel de larva se vuelve
mariposa lingüística.


6

Y me sé pedazos
Me sé a trinchera
A refugio de guerra muerta
Mi casa está rota.
El cuerpo de construcción deshecha.
Casi nunca muero.
Casi nunca me muero.


7

Mis ojos
paralelepípedos
arañan.
Estoy piedra y lama
acurrucada en el nombre de Dios
Murmuro tus murmullos que se hacen lógica
- La lógica me pulveriza –


8

SEIS TREINTA PASOS
Hierve la televisión.
Bajo la luz
una taza de tu nombre caliente.



Leticia Cortés, Guadalajara, México, 1980. Becaria del programa de estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico en su emisión 2006-2007 con su poemario “Aeropuertos”: innumerables alas de árbol aéreo”. Autora de “Lámparas de sueño” Participó en el programa Polvo de la palabra antigua al lado de reconocidos poetas de Jalisco con su poemario inédito “Labios de espina” en el palacio de Bellas Artes.

viernes, julio 06, 2007

Video

Facilitado por sus realizadores para este blog

Relato

CHARLIE BROWN
por Emilio Vílches Pino




ONCE TREINTA PE EME.:

Hay olor a caca- dijo Taiba. Teniente Alberto Taiba; cuarenta y cinco años, veinte años en la institución. Viudo, sin hijos. Entró por influencia de su familia. -es verdad- agregó Fernández, que era el que conducía. Sargento Jorge Fernández, cuarenta años, veintidós años en la institución. Casado y con tres hijos. Entró por falta de oportunidades. -¿te cagaste Charlie Brown?- dijo maliciosamente Taiba, mientras giraba el cogote para mirar al joven del asiento trasero. -no, yo no, teniente- respondió González, con un ligero temblor en la voz. Michael González; veintitrés años, recién ingresado a la institución. Soltero, sin hijos. Le llamaban Charlie Brown por el dudoso parecido físico que el teniente Taiba le encontraba con el personaje de Schulz. Presenció en silencio bajo amenazas cómo su padrastro abusaba sexualmente de su hermana durante años, mientras él no podía hacer más que rezar un padre nuestro entre dientes. Entró a la policía para de alguna manera hacer justicia, para castigar a los cerdos como su padrastro. Hoy era su primera ronda nocturna. Revisen sus bototos caballeros, no vaya a ser que alguno haya pisado mierda- concluyó Taiba. Revisaron: nada de nada…alguien se había cagado, y ciertamente no había sido González.

EXACTAMENTE MEDIANOCHE:

Sigue la ronda por calles desiertas. Me siento un poco nervioso, pero a la vez me gusta. Me gusta sentir que estoy cumpliendo la promesa que me hice desde niño: servir a la justicia, hacer un bien a la ciudadanía. Mis compañeros de ronda llevan años en la institución, son hombres de mucha experiencia, y eso me tranquiliza…aunque no puedo negar que me ponen un poco nervioso con sus bromas. Me han dicho que hoy es mi bautizo. Es mi primera ronda nocturna, por eso lo del bautizo, mamá. Si pudieras verme…

CERO HORAS DOS MINUTOS:

Taiba se baja del furgón; los sujetos intentan huir, Fernández los intercepta. -¡revísalos González! González los tira contra el muro, les abre las piernas, no llevan nada, revisa los bolsillos, una papelina de cocaína –cocaína teniente-. Patada en el culo, patada en las costillas, escupos en la jeta, escupos al cielo y todo sigue igual. La ley sube al vehículo y cuidadosamente extiende una línea blanca que prontamente desaparece por las fosas nasales del sargento Fernández y el Teniente Taiba extiende de forma paralela al meridiano de Greenwich otra línea que no tarda en esfumarse entre la sangre de la ley. A la ley se le acelera el pulso y Charlie Brown se niega a prestar su sangre, pero le tirita la pera, le sudan las manos, y la voz roñosa del teniente- ¿te da miedo Charlie Brown?- y Charlie Brown que mira la luna llena perdido, sin saber dónde mierda está metido.

LUNA LLENA:

Hay luna llena y la ronda nocturna continúa silenciosamente. Desde que el joven del asiento trasero se negó a consumir cocaína nadie más dijo una sola palabra. Nuevamente olor a caca, pero esta vez nadie mueve un dedo por averiguar qué pasa. Calle San Diego hacia el norte, luces bajas, Avenida Diez de Julio hacia la cordillera, silencio, algunos grupos parados en las esquinas desaparecen como ratas en las alcantarillas. -mira Charlie Brown, te voy a dar un consejo- dijo de pronto Taiba, rompiendo el hielo. -dígame- respondió el joven con voz baja e insegura. -mira, acá no puedes venir a dártelas de héroe ¿me entiendes? Esta ciudad está infestada de ratas, andan por todas partes, en las esquinas, en las poblaciones, en todas partes. En las empresas están las peores ratas ¿me entiendes Charlie Brown? -más o menos, teniente. -lo que quiero decir es que no eres ni Superman ni Barman… -Batman, teniente, con “T”-interrumpió Fernández. -eso, no eres ni Superman ni Batman…mierda, ¡ni siquiera eres Charlie Brown! Nuevamente silencio, Diez de Julio con Carmen, doblan hacia la derecha. Luna llena. -lo que quiero decirte, cabro chico- siguió Taiba como saliendo de un trance- es que no vas a cambiar el mundo ¿me sigues? El orden y la patria entran con sangre, no queda otra. Todos entramos como tú, llenos de ideales y la mierda y la cacha de la espada, pero después te das cuenta de que las ratas estarán siempre ahí ¿no se si me entiendes?- y tuerce el cogote para mirar el rostro y sombrío de González. -entiendo, Teniente…


DOS A EME:

quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa quiero irme a casa


DOS CUARENTA Y SEIS A EME:

La ley entra por la calle Coquimbo avanzando hacia la costa, las ratas se esconden, las putas hacen sonar los tacos ligero sobre los adoquines, pero la ley es más rápida, la ley tiene la fuerza- es hora de tu bautizo Charlie Brown-. La ley se ríe, la ley suda, la ley apesta a mentiras, la ley sube a la puta al furgón y la interroga, la puta tiene papeles y no está infectada, el Teniente golpea a la mujer en un ojo, pero la puta no tiene seropositivo. Ella grita, pero la policía sabe cómo hacerla callar -las ratas están escondidas, nadie podrá oírte princesa-, y le quitan los calzones manchados con caca y la carne aparece blanda, irritada, y un fuerte olor a sexo inunda el furgón, pero la ley no parece inquietarse; el pelo rizado entre las piernas de la puta, pelo y más pelo y más pelo y el olor insoportable y ella intenta defenderse, pero la ley sabe cómo golpear – toma esto puta de mierda- y le abren las piernas y el olor nauseabundo y Charlie Brown baja del furgón, se apoya en un árbol y deja salir toda la mierda que le metieron dentro…


PADRE NUESTRO

Que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…-ven acá pendejo, es tu turno- venga a nosotros tu reino, y hágase tu voluntad…-ven acá pendejo de mierda, es tu bautizo ¡qué no escuchai’ acaso superhéroe!- aquí en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día – teniente, qué le pasa a esta maraca, no reacciona- y perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden- ¡responde puta!¡responde!- no nos dejes caer en la tentación –¡puta de mierda responde!- y líbranos del mal…
AMÉN.


Emilio Vilches (El Bosque, Chile, 1984) Músico, miembro de Colectivo Lingua Quiltra, músico, artista visual y estudiante de Pedagogía en Licenciatura en Castellano de la Universidad de Santiago de Chile. Sus relatos han aparecido en distintas revistas de papel y virtuales.

Texto

de SÍFILIS PARA LA BELLEZA
por Karina García Albadiz



EL CALLAR


Me gusta el atardecer, me dices
como un espacio confuso
ante el evangelio de siempre


Y presiento los grillos

implicando el callar de los pájaros

y ese olor a verano fundido
que se aleja

De pronto llueve, me dices

miro al cielo y siento
las últimas gotas besando
interminablemente el camino



LOS POSEÍDOS ENTRE LAS LILAS

Que peligroso puede ser todo
que peligrosa es una persona cuando salta
y nos traiciona
y después de eso ¿cómo seguimos?

golpeados, tristes, quejándonos
Vallejos diría que este es un momento grave

seguro hubiera cambiado sus últimos versos

quizás sólo por reconfortarme
no se hubiera atrevido a decir
que el golpe peor es aquél que todavía no llega




***
Karina García Albadiz, Valparaíso, Chile.

Imagen: "caída de un revolver".

Relato

facilitado por su autor para este blog

CONTROL


Sonríe (como de comercial su dicha). La gente pasa, él mira./ Por un jardín/ un coche bomba y gente llorando/ niñas que juegan / él mira/ y corren/ sonríe (como de comercial su dicha)./ Corren/ caminan/ vuelan/ nadan/ comen/ corren de nuevo (des)vestidos/ Siguen tigres, cebras/ el Papa, la Madre Teresa/ indios, vaqueros/ "y señor presidente, señores y señoras senadores y diputados/ asesinos en serie/ que él se metió con ella primero/ o después/ pero no/ pero sí"/ la tele, mi tele/ me duermo.
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por Rodrigo Saravia Sandoval. Estudiante de 3º Medio. 16 años.

imagen de Kaylin